viernes 27 de enero de 2012

MUERE EL BRILLANTE DIRECTOR HELENO THEO ANGELOPOULOS

El martes murió el gran director heleno Theo Angelopoulos atropellado por la motocicleta de un policía cuando localizaba exteriores para The other Sea, el film en cuya realización andaba inmerso. Obsesionado por la Historia, Angelopoulos reflexionó como nadie sobre la ethos occidental. A pesar de la absurda y arbitraria muerte, este Ulises murió en su Ítaca, a la edad de 77 años.

Quisiera rendirle mi particular homenaje, pero nada mejor puedo decir que no dijera ya en mi ensayo Theo Angelopoulos y "La mirada de Ulises": Civilización y barbarie, dedicada a, en mi opinión, su obra más sublime. El lector la podrá encontrar unas entradas más abajo o clickando aquí:

lunes 14 de noviembre de 2011

BALADA TRISTE DE TROMPETA: CAINISMO Y GUERRACIVILISMO ESPAÑOL


Ficha técnica :

-País: España, Francia

-Año: 2010

-Género: Terror, comedia negra

-Dirección: Álex de la Iglesia

-Guión: Álex de la Iglesia

-Producción: Yousaf Bokhari, Vérane Frédiani, Gerardo Herrero, Adrian Politowski, Franck Ribière, Gilles Waterkeyn.

-Reparto: Carlos Areces, Carolina Bang, Antonio de la Torre, Santiago Segura, Manuel Tallafé, Gracia Olayo, Enrique Villén.


En 1937, los republicanos irrumpen en un circo, en plena actuación, para reclutar a los payasos para el frente. Uno de los payasos (Santiago Segura) participa en la batalla armado sólo con un sable. Es apresado por el bando Nacional y destinado a la construcción del Valle de los Caídos. Su hijo Javier, (Carlos Areces) un niño que suena con ser payaso como su padre, recibe de su progenitor dos directrices que deberá seguir en la vida: 1. Debe convertirse en payaso, pero en payaso triste, acorde con el carácter trágico de su infancia. 2. Debe vengarse. Javier, con el fin de cumplir el segundo precepto, coloca una carga explosiva en el Valle de los Caídos y, en la confusión, deja tuerto al Coronel Salcedo (Sancho Gracia), el cual ha acabado con la vida de su padre.

En 1973, Javier ha crecido y se decide a convertirse en payaso triste. Empieza a trabajar en un circo y se enamora perdidamente de Natalia, la trapecista (Carolina Bang). Pero Natalia tiene una relación sado-masoquista con Sergio (Antonio de la Torre), el payaso gracioso, compañero de número de Javier. Sergio es un sociópata y gusta de maltratar a su novia. Javier comienza una relación con Natalia a escondidas de Sergio, pero éste les descubre y en el enfrentamiento entre ambos payasos, Sergio acaba desfigurado y Javier se ve obligado a huir y refugiarse en el bosque. El Coronel Salcedo lo encuentra, lo reconoce y lo usa, en las cacerías con Franco, como perro de caza . Finalmente, Salcedo se dispone a matarle, pero Javier, el payaso triste, experimenta una metamorfosis y se autolesiona hasta desfigurarse, mata a los fascistas y marcha, armado hasta los dientes, a vengarse de Sergio, que en ese momento disfruta de la compasión de Natalia. Ambos payasos se enfrascan en una lucha a muerte con el Valle de los Caídos como escenario.

La metáfora fraticida.


Álex de la Iglesia resumía así la gestación de la idea que le llevó a idear el argumento de la película:

“Todavía recuerdo el día en que surgió ‘Balada’, en el Boadas, de Barcelona. Dry martinis, Carolina Bang y Carlos Areces. ‘Me gustaría rodar una película sobre un payaso asesino’ ‘¿Por qué se convierte en asesino?’ ‘Por… algo que le pasó en el pasado, a su padre…’ ‘murió construyendo la cruz del Valle de los Caídos’. Pensamiento automático: la historia surge a borbotones. …Una lucha a muerte, por venganza. ‘¿También era payaso?’. ‘Sí’. El no tiene gracia… por eso los niños no le quieren. El payaso tonto sí tiene gracia, una gracia enorme, que le llega hasta la rodilla. El payaso triste se muere de celos. ¡Se enamora de su novia… la acróbata!’. Dos hombres enfrentados por el amor de una mujer, como en las de Lon Chaney. Garras humanas. El que recibe las bofetadas”.

Es siempre interesante tener acceso al proceso creativo de un artista. Asistir al colage de automatismos psíquicos tras el cual asoman inquietudes, motivos recurrentes, manías personales, profundas reflexiones y convicciones personales... Todo este conjunto de elementos tendrá que ser vertebrado mediante la narración, lo cual supone un trabajo creativo, pero más concienzudo y racionalizado.

No es poco habitual encontrar personas, con infancias traumáticas o no, que perciben algo siniestro, patético o tragicómico tras la figura del payaso. El tema de los payasos ya aparecía en otras comedias negras de éste director como Crimen ferpecto (2004) y Muertos de risa (1999). Eso sí, de forma más trivial, casi como parte del atrezzo.

El espectador tampoco es ajeno al brainstorming o tormenta de ideas y, de hecho, su actividad como receptor de una obra artística es asimilarla mediante sus vivencias, ideas, prejuicios y categorías. El caso es que a mí, ver a Carlos Areces blandiendo dos ametralladoras, con un atuendo circense hecho con un traje de torero y un sombrero sacerdotal, y con la cara desfigurada por las lesiones de la plancha y la sosa cáustica, me llevó, por asociación de ideas, a acordarme de It (1990), una película de serie B llamada Los payasos asesinos del espacio exterior (1988), y de Violator, un personaje de la colección de cómics de Spawn que es un demonio camuflado de payaso siniestro. Nada más alejado de la fuente de inspiración que siguió el director para plasmar la estética que adopta el payaso triste en su metamorfosis como payaso-psicópata:

“Digámoslo de una vez: existe una conexión primigenia entre el payaso, el cura y el torero. No sólo son sus trajes de luces. Los tres son claramente femeninos, responden a un pasado arcano ininteligible, despiertan sentimientos ocultos, contradictorios. Los tres protagonizan rituales sacrificiales. El torero rememora el sacrificio ritual del toro, símbolo del poder. No olvidemos Cnossos. Los toreros bailan frente al toro. El sacerdote sacrifica simbólicamente a Cristo, ofreciéndolo en cuerpo y sangre a sus fieles, en un auténtico festín caníbal arquetípico, ataviado de túnicas de colores chillones. El payaso, también dentro de un círculo, se inmola haciendo el ridículo, redimiendo sus pecados y el de los espectadores. La lucha del payaso tonto y el payaso triste festeja el nacimiento y resurrección del humor. La muerte de la violencia, asesinada por la carcajada” .

A Álex sólo le ha faltado introducir algún elemento relacionado con la benemérita para citar tres pilares sociológicos fundamentales de la España franquista —torero, cura y Guardia Civil, si bien es cierto que el médico también tenía una relevancia social nada desdeñable, fruto de una tradición atávica y chamánica—. Además, el Guardia Civil también realiza un sacrificio ritual del “todo”, “por la patria”, como reza su particular máxima cuartelaria. Quizá sí hay algo de esto en el personaje, en las armas con las que amenaza a pobres e indefensos ciudadanos inocentes.

Ya sean más o menos serias las palabras del director, que hemos referido más arriba, la alusión a dos figuras destacadas de la España cañí no es casual. Álex de la Iglesia decía acerca de su película “Precisamente de eso trata Balada: de la intransigencia hostil y soterrada que infecta la vida de este país desde hace décadas” . Si es este el mensaje, a un nivel sociológico referente a la vida a pie de calle en nuestro querido país, tampoco pasa desapercibido el hecho de que toda la obra representa una metáfora del guerracivilismo español, cuyo origen fue el drama fraticida del 36 y que perdura hasta nuestros días de forma subrepticia. No será demasiado arriesgado decir que el personaje de Sergio, la violencia desnuda, representa al fascismo. El de Javier, frustración enquistada que acaba por supurar odio y ansia de venganza, representa al bando de los vencidos. Natalia, la trapecista, es ligera, caprichosa, voluble, qual piuma al vento. Natalia es la inocencia que roza lo indolente, es axiológicamente promiscua y se deja seducir fácilmente por el poder. Su inconstancia irreflexiva provoca catástrofes de proporciones trágicas… Natalia es la “libertad”, y el payaso-fascista y el payaso-republicano se están peleando por poseerla. Su único mérito es su belleza, es una cuestión estética más que ética (los antiguos griegos tendrían mucho que decir al respecto). La metamorfosis que experimenta Javier es la corrupción, la deformación que provoca la absurda espiral de venganza, rencor y violencia dialéctica contra el mal y que termina por asemejarle a Sergio en términos de fealdad.

Una crítica que se le puede hacer a Balada triste de trompeta es un lugar común en las críticas que circulan por la red: algo extraño en el tempo, en el ritmo conforme la acción se va acercando al desenlace. Este enrarecimiento entorpece el curso narrativo, de modo que el terror y la compasión (y la carcajada), pasiones que deben llevar al espectador a la katharsis, que diría Aristóteles. 

Bojiano

jueves 13 de octubre de 2011

2001: una odisea espacial, o sobre la rebelión de Adán.

Ficha técnica:

-País: Reino Unido, EE.UU.

-Año: 1968

-Género: Ciencia-ficción

-Dirección y producción : Stanley Kubrick

-Guión: Stanley Kubrick, Arthur C. Clarke







Una interpretación filosófica verosímil.

En una ocasión escuché a Carlos Pumares, conocido crítico español de cine que se recicló profesionalmente durante una temporada como colaborador del programa de variedades Crónicas marcianas, decir, entre alaridos, que el famoso monolito del film 2001: una odisea espacial representaba a Dios. Los contertulios le habían interrogado sobre el significado de tan extraño símbolo y él, ofendido por lo que debió considerar una prueba de la ignorancia de los presentes, se dispuso a regalar al mundo un pedacito de sabiduría.


La aseveración de Pumares me llamó la atención, y aunque tardaría todavía años en degustar esta, la más ambiciosa y trascendente obra de Kubrick, fui capaz de recordarla y someterla a prueba. Busqué en el afamado monolito en particular y en todo el film en general, la huella de Dios, sin demasiado éxito. Posteriormente, decidí acudir a la novela homónima de Arthur C. Clarke, en la cual se basó la película de Kubrick —en realidad, Clarke unió varios de sus relatos y les dio forma de novela para la realización de la película—, si obtener resultados distintos. Debo decir que la comparación de la novela y el film me resultó mucho más interesante de lo que habría podido imaginar. Podríamos dividir la obra cinematográfica en dos partes bien distintas. La primera parte versa sobre la trágica lucha entre el ser humano y la máquina, en lo que podríamos considerar como la representación de la dialéctica del amo y el esclavo. La herramienta, elevada al rango de Inteligencia Artificial, se rebela contra su creador. El HALL 9000, ordenador que controla la misión espacial de esta odisea, trata de deshacerse de su tripulación, algo que habría logrado de no ser por la obstinación humana —el personaje de David Bowman es el único superviviente—. En la novela se insinúa que HALL se vuelve paranoico por el hecho de que ha recibido órdenes de ocultar el verdadero objetivo de una misión a una tripulación que cree que su cometido se limita a arrojar sondas y hacer mediciones en los grandes planetas del sistema solar. Esa ambigüedad, ese doblepensar implícito a toda mentira, es demasiado humano para ser soportado por una máquina inteligente y perfecta. La mentira trastorna al pobre HALL, y le hace desarrollar un comportamiento neurótico y paranoide.
Esta primera parte toca un tema —el de la racionalidad instrumental, esa razón técnica que permite al ser humano adaptarse al medio, hacer que el medio se adapte a él, ejercer el dominio sobre la naturaleza y los demás, y que mal gestionada pone en peligro la propia supervivencia de la especie humana a largo plazo— que desgraciadamente tendré que dejar apartado para centrarme en la segunda parte de la película. En ella se muestra el viaje suicida hacia los abismos misteriosos del espacio en busca de un “otro”, una alteridad alienígena. Esta es la parte en la cual Kubrick se toma tantas licencias en la interpretación de la novela de Clarke que llega a alterar, a mi juicio, el sentido de toda la obra en su conjunto. Según el argumento tanto de la novela como del film, una raza alienígena construyó el monolito, lo envió para observar a los ancestros homínidos de la humanidad y luego lo enterró en la Luna a la espera de que el ser humano alcanzara el grado de tecnificación suficiente para descubrir el señuelo. Si este era el significado literal del monolito, es decir, una especie de cacharro alienígena que hace las veces tanto de aparato de investigación científica como de embajador en planetas ajenos, no veía yo cómo podía, al mismo tiempo, simbolizar a la figura de Dios. Tras haber leído la novela de Clarke, decidí realizar un segundo visionado de la película de Kubrick y, esta vez sí, encontré la estela de Dios en la opaca e inmutable superficie del monolito, solo que el lugar que este símbolo ocupa en la obra de Kubrick es, a mi parecer, bastante más modesto de lo que cabría esperar atendiendo a la exclamación de Pumares.

Se ha interpretado, en numerosas ocasiones, que el mensaje de la película es místico, religioso, espiritual o, al menos, que hace referencia a la transcendencia metafísica o a la inmortalidad. Lo que Clarke refleja en la novela es que los extraterrestres constructores del monolito propulsan a Bowman a un estadio superior, convirtiéndolo en espíritu puro, omnipotente y omnisciente —representado por el feto que aparece flotando en espacio—. Da igual que se trate de alienígenas, esta interpretación es acorde con la afirmación de Pumares por el simple hecho de que se está apelando a una fuerza transcendente que proporciona la salvación del ser humano más allá de la existencia material del cuerpo perecedero. Desde mi punto de vista, no pretendo defender que el film esté desprovisto de elementos místicos o metafísicos, pero sí creo poder defender que existen otro tipo de elementos o símbolos más relevantes. Cuando Bowman es arrojado a través del Stargate, contemplamos una escena lisérgica de un mundo no-humano que nos traslada a una casa, la de Bowman. En la novela de Clarke, la estancia era en realidad una reproducción de la inteligencia extraterrestre para hacer más cálida la metamorfosis del protagonista en un ser superior. En Kubrick, creo que tenemos buenas razones para pensar que se nos está trasladando a una escena subjetiva. Además, en la casa, Bowman asiste a diversas fases de su vida, la vejez y la muerte. Creo que esta alegoría significa algo así como que “toda odisea es una odisea interior cuya última frontera es la muerte”. Cuando Bowman está en su lecho, postrado a espera de la Parca, levanta su dedo hacia el monolito, que aparece ante él con toda su inmutabilidad inefable. Creo que esta escena, junto con la del feto ingrávido representa en realidad el “adanismo”, si tenemos en cuenta que la escena del lecho es una curiosa reinterpretación del fresco “La creación de Adan” de la Capilla Sixtina, donde el lugar de Dios lo ocupa el monolito y el de Adán David Bowman.
El adanismo hace referencia a un nuevo comienzo para la humanidad, ante la cual se abre un nuevo horizonte a la búsqueda, al conocimiento y al reencuentro más que probable con “Otro”, seguramente un otro ético no humano. David Bowman es el Adán de una nueva era, el primer “hijo de las estrellas”, y el monolito ocupa el lugar de Dios por el mero hecho de que es la “causa” de la transformación del protagonista al igual que Dios era la “causa” de Adán. Dios es instrumentalizado
en pos de la metáfora. El hombre está por encima de la divinidad en esta alegoría.

Kubrick llegó a decir, consciente de huella que dejaría su película: “Son libres de especular acerca del significado filosófico y alegórico de 2001”, y eso es lo que he tratado de hacer desde mi humilde punto de vista, probable, falible, verosímil, como casi todo. Cuando Napoleón interrogó a Laplace sobre su nuevo sistema referente a la mecánica celeste le dijo “Monsieur Laplace, Newton habló de Dios en su libro. Recorrí el vuestro y no lo he encontrado nombrado una sola vez”, a lo que Laplace contestó: “Sire, nunca he necesitado

esa hipótesis”. Creo poder decir que yo tampoco necesito esa hipótesis para explicar la película de Kubrick.

Bojiano

sábado 21 de mayo de 2011

THEO ANGELOPOULOS Y "LA MIRADA DE ULISES": CIVILIZACIÓN Y BARBARIE



[Esta entrada al blog es un extracto de un ensayo mío más general relacionado con la influencia del mito de Ulises en la historia universal de la literatura.]






“LA MIRADA DE ULISES”






"Es importante que las palabras de Homero apunten hacia el futuro. ‘Cuando regrese’... el viaje continuará. No ha terminado. Continúa el viaje para encontrar un hogar. Eso es una especie de esperanza, puesto que él comienza a estar, en esos momentos finales, en paz consigo mismo y con el mundo".

Theo Angelopoulos




a) Identidad.

Es indudable que “La mirada de Ulises” representa otra nueva reinterpretación del mito homérico, desde ojos modernos. Una interpretación bastante libre donde cohabitan con la intertextualidad referente a la Odisea, elementos pertenecientes a la sensibilidad, quizá a las vivencias de Angelopoulos. La subjetividad del film no es ocultada. Sus resortes se mantienen al descubierto, y contribuyen a la suavidad con la que se desliza la trama, pese a los dramáticos acontecimientos narrados a través de la mirada calmada de Ulises.

La obra comienza con una cita del Alcibíades de Platón: “También el alma si se quiere reconocer tendrá que mirarse en otra alma”. El tema del reconocimiento será fundamental en esta película, al igual que en la Odisea, pero con especial hincapié en el reconocimiento del sí mismo frente al alter, al otro que recibe la mirada, y que nos devuelve, cual espejo, nuestra propia imagen. El yo no puede existir sin reconocimiento por parte del otro. Este reconocimiento funda un horizonte étic
o, pero también hace referencia al amor. El alma tendrá que reconocerse mirándose en otra alma… quizá por eso todos los personajes femeninos que aparecen a lo largo de esta odisea son representados por la actriz rumana Maia Morgenstern. Este Ulises moderno se mira en ella, en todas ellas, y todas le devuelven la misma imagen, quizá de inocencia, perdida, que anhela recuperar.

El protagonista, un director de cine de origen helénico, regresa a sus orígenes en busca de tres bobinas sin editar de los Hermanos Mannakis. Con el título “Las tejedoras” se nos muestra parte de ese material, que consiste en unas ancianas tejiendo. Las imágenes de las ancianas aparecen en varias ocasiones, como si se tratara de las Moiras, símbolo de lo ineluctable, tejiendo el destino de los hombres, preparando el escenario que recorrerá el protagonista. La filmoteca es la que le encarga el trabajo de la recuperación de las tres cintas de los Mannakis, una reliquia de los albores del cine.

En la siguiente escena, el personaje de Harvey Keitel llega en un coche acompañado del responsable de los archivos de la filmoteca, que vien
e de Atenas. Están en una pequeña ciudad, todavía en EE.UU. Un joven, responsable de la proyección de la película que el protagonista acaba de estrenar le da una información como si estuviera comunicándole la situación en el frente: “cuando el comité organizador nos informó de que usted iba a venir se ha armado una guerra. Las congregaciones religiosas nos han echado de los cines. Hemos decidido proyectarla sobre una pared, como un símbolo. Los fanáticos religiosos están por todas partes. Quién iba a decir que su película iba a producir el mismo efecto en su pequeña ciudad que en el resto del mundo”. ¿Sobre qué trata la película que ha rodado nuestro Ulises moderno? ¿Por qué ha dividido a toda la ciudad, a todo el mundo? El elemento de discordia parece ser el sentimiento religioso. El protagonista ha certificado, quizá, una vez más, la muerte de Dios. Ha constatado el alejamiento de los poderes protectores, la emancipación del ser humano de todo misticismo y toda moral mediada por la divinidad. Nihilismo, no necesariamente negativo. Quizá lo único que le queda por hacer al sujeto moderno es vagar “desasistido” por los dioses, en busca de su identidad.

Una obra que provoca tal convulsión debe perdurar en el tiempo, dejar una huella profunda. La convulsión también es el clímax de la carrera del cineasta, con toda probabilidad. ¿Qué le queda ahora? ¿Esperar la muerte en una especie de vigilia de los sentidos? El Ulises de Angelopoulos decide partir hacia Grecia, hacia los orígenes del cine, hacia sus propios orígenes biográficos (también los de Angelopoulos), pero también hacia los orígenes de nuestra civilización.

Pero antes de partir, se produce un diálogo entre el personaje de Keitel y el responsable del archivo cinematográfico que es, en sí mismo, muy significativo.

“—A parte de la proyección quiero quedarme por motivos personales… si supiera bien como… pero no puedo. Entiéndelo, no puedo. Soñaba con llegar al final de mi viaje… ¿no es extraño? ¿No es siempre de esta forma? El final es el principio.
—La distancia, la nostalgia… eso no se olvida. (…) El motivo de este viaje es tan absurdo que creo que es…
—un pretexto.
—sí, un pretexto. Además, el archivo no podrá financiarte…
—Creía que lo entendías. Mis motivos son personales.”

Antes de partir, aparece la figura misteriosa de Maia Morgenstern, pasa ante él sin reparar en su presencia. El lirismo de la imagen, así como las abundantes escenas a lo largo del film en las que la subjetividad del protagonista queda al descubierto fusionándose con la realidad, nos lleva a preguntarnos si su presencia es real, o si acaso es un recuerdo, una representación mental de Keitel. Éste nos había informado ya que hace años estuvo en la ciudad, mientras advierte todos los cambios que en ella se han producido, y cómo, en algún sentido, nada ha cambiado. Sigue a Maia y le habla en su monólogo interior, como si se tratara de una Penélope que espera su regreso:

“¿Recuerdas la estación? Temblabas bajo la lluvia. Hacía mucho tiempo. Pensaba regresar pero me perdí. Así es, me perdí por caminos desconocidos… Y todo sería como antes, pero hay algo que me lo impide. Me gustaría decir “he vuelto”, pero ese algo dentro de mí… el viaje no ha terminado. Aún no”.

El final siempre es el principio. Keitel nos habla de un nostos (regreso). Deseado, pero no consumado. “ese algo dentro de mí…” le impide consumar el regreso. Al igual que la ciudad, ha cambiado tanto… pero sigue siendo la misma. Estamos ante la paradoja de la identidad. Explícita en el relato de Borges del que nos ha hablado Boitani; implícita en Dante, en toda la historia del mito ulisíaco y en la propia naturaleza del viaje y del nostos. “Si el Ulises que ahora regresa partió en su día marcado por aquella ‘insaciable sed’ y aquella ‘inagotable curiosidad’, a su regreso… aquel impulso ha pasado a ser ahora necesidad interior” . La experiencia le ha cambiado. “Es este hombre-memoria el que interroga las evidencias y las somete a la prueba de sus contrastes” . Debe volver a partir.

En la búsqueda de su identidad, el Ulises de Angelopoulos realiza también una nekyia (invocación de los muertos, como la del Odiseo de Homero en el Hades), ve a su madre en la estación de tren de Bucarest, y recuerda su infancia en Constanza. Las sombras emergen no del Hades, sino del recuerdo. Es fin de año de 1954. La familia, de clase burguesa, reunida, da la bienvenida al año nuevo (1955). La figura de un Keitel maduro se sumerge entre los personajes de su niñez. Su padre regresa, liberado por el ejército rojo del campo de concentración de Matthausen. La elipsis cinematográfica transporta la acción a fin de año de 1955, suprimiendo la distancia temporal de un año que separa un momento del sucesivo. Lo interesante de la escena es que también se suprimen las elipsis, quedando al descubierto la subjetividad del protagonista, recordando su infancia a través de una acrobacia del espíritu que une los momentos suprimiendo los cortes. Entran dos sujetos del Comité del Pueblo y bailan, sin entorpecer la armonía y el júbilo del recuerdo de un niño, mientras se llevan arrestado a un familiar. Nueva elipsis oculta. Entra el comité del pueblo y empiezan a desvalijar la casa burguesa. “Constanza va a quedar desierta”, dice alguien, y se habla de un próximo viaje a Grecia. La familia lucha por no dejarse usurpar el momento de felicidad motivo de la reunión familiar en la despedida del año 1949. La música y la celebración continúan, pero el Comité del Pueblo se lleva el piano, privilegio de clase.


Detengámonos en una secuencia que podríamos considerar como metáforas de la búsqueda de la identidad y de sus paradojas. El primero se corresponde con el pasaje de Polifemo en la Odisea homérica. Keitel acaba de despertar, después de su nekyia. Su compañera de viaje y amante recién consumada es una trabajadora de la filmoteca de Skopje. Se despide de ella en medio del llanto y parte en una embarcación. “¿Le interesa? Odessa, Constanza, el Danubio y Alemania. Para un coleccionista”, dice el capataz. Transportan la gigantesca estatua de Lenin desmontada en pedazos para venderla a un coleccionista particular. Keitel se embarca con el



 

agarrado a la baranda del navío se aventura a través del Danubio con el cadáver simbólico e histórico de Lenin y del comunismo, marmóreo, silencioso, inmutable. Los habitantes de la rivera del río corren siguiendo al ídolo desmembrado, se santiguan, prestándole una paradójica reverencia al símbolo caído del comunismo. Llegan a un control fronterizo. Se enciende un foco cegador y tras la luz surge una voz que pregunta el destino de la embarcación y si llevan pasajeros. El capataz contesta: “¡A nadie!”. Como decían Adorno y Horkheimer, “Odiseo, como los héroes de todas las novelas posteriores dignas de ese nombre [“odisea”], se abandona, por así decirlo, a sí mismo para reencontrarse” . Odiseo salvaba su vida al identificarse como “nadie”, el Ulises moderno salva, al menos, su viaje. La escena nos revela, también, la naturaleza de la policía del control como una comunidad de cíclopes. Pero el propio cadáver marmóreo de Lenin es un Polifemo vencido, descuartizado, desconstruido. Polifemo era de ascendencia divina, pero también era poco más que un animal. La figura de Lenin, iniciador de la Revolución de Octubre y primer dirigente de la URSS, probablemente sea el mediador histórico idóneo entre Marx (el ideal) y Stalin (la corrupción del ideal, que condujo al totalitarismo). Podríamos situar a Lenin entre la divinidad solar y la barbarie de los sacrificios humanos y la violencia desnuda. Todo ello está presente en el ser humano y en la historia de Occidente. La policía son los otros cíclopes, entendidos como hombres de poder (aunque en su manifestación más servil), órganos del sistema, engranajes de la maquinaria de monopolización de la violencia… En potencia, barbarie y violencia desnuda. Justo después de haber perdido su identidad, el protagonista llega a Belgrado, y se produce el reconocimiento, en la mirada de un viejo amigo, corresponsal de guerra. La identidad parte de la “evidencia” presupuesta del oikós, hacia el extravío de sí mismo, para reencontrarse, para reconstruir su identidad.

Otra parte de la película también nos habla de la identidad. Después de abandonar Belgrado a través del Danubio, Keitel recibe la ayuda de una mujer, todavía joven. Ella le conduce por el río Evros hasta su casa, en la misma orilla. Al llegar, la casa muestra signos de haber sido incendiada. La mujer entra y descubre el cadáver de su marido, Vania. Keitel permanece en la casa de la mujer, destrozada por el dolor, y acepta sus alimentos. El protagonista despierta y la recién enviudada mujer le ha desnudado y se encuentra en la orilla del río lavando su ropa. Se oyen disparos, y la mujer corre a refugiarse en el interior de la casa. Se agachan, se acercan… Ella sale de la casa, coge un hacha y agujerea la barca que le servía para desplazarse por el río. Cuando Keitel se ha puesto la ropa seca que la mujer le presta, la ropa de su difunto esposo, se abalanza sobre él y funden sus cuerpos mientras ella le llama “Vania”. Las ropas de su difunto esposo, por metonimia, convierten a Ulises en Vania. Ulises es “Ulises” (evidencia primera) — Ulises es “nadie” (extravío para construir la identidad) — Ulises es “un nombre” (formal) — Ulises es “todos los hombres” (la odisea es la metáfora existencia y el héroe el representante de una civilización) — Ulises es Vania (caso particular, cualquier individuo, el hombre occidental). La viuda es Circe, o quizá una Calipso que, en lugar de regalarle un hacha la utiliza para destrozar la barca y retener a Ulises. Pero el fin del extravío es encontrarse a sí mismo, reencontrarse, construir una identidad en constante cambio. La elipsis nos informa de que, a pesar de todo, Ulises ha vuelto a partir, con otra pequeña barca, o con la misma barca reparada.


b) Nostos, civilización y barbarie: el fin de un ciclo.

El Odiseo homérico partía para conocer mundo, hacer fortuna, construir su identidad fuera de la protección del oikós. Partía hacia la guerra. Como ya hemos visto a lo largo de este trabajo, una posible interpretación nos dice que el nostos es la culminación de un camino hacia el éxito. Adorno y Horkheimer explicaban, en términos económicos, el éxito de Odiseo regresando con la gran fortuna de las dádivas que ha recibido debido al don de hospitalidad como el éxito de haber salido de la economía doméstica, tradicional, echándose a la mar. Este aspecto ha llevado, nos dicen Adorno y Horkheimer, a Víctor Bérnard, a subrayar, “no sin una cierta construcción apócrifa” , el elemento semítico de la Odisea. Por lo que respecta al Ulises de Angelopoulos, diríamos que comienza en el mismo punto en el que el Ulises de Dante vuelve a partir ante la insatisfacción vital y el ansia de conocimiento. Pero no parte hacia Occidente, hacia lo desconocido, hacia el mundo sin gente allende el sol, sino hacia Oriente. Parte hacia sus orígenes al igual que el Odiseo que partía de la guerra de Troya hacia su Ítaca natal. Asimismo, no regresa de la guerra para culminar su nostos con el éxito de la fortuna conseguida y la recuperación de su reino, sino que parte del clímax de su carrera profesional en busca de sus orígenes, y acaba en Sarajevo, el epicentro de la guerra de los Balcanes. Esto nos hace sospechar que podríamos postular una trama invertida en el Ulises de Angelopoulos respecto al homérico, intertextualmente mediado con el dantesco a través de Tiresias. Cuando se invierte una secuencia, el elemento central permanece inalterable. El nostos, elemento central, la naturaleza del viaje hacia los orígenes, los motivos, las experiencias… No altera el sentido, pero podría interpretarse como el cierre de un gran capítulo de la historia de nuestra civilización si atendemos a las palabras del taxista que lleva a Ulises a través de las montañas: “¿Sabes una cosa? Grecia se muere. Nuestro pueblo se muere. Hemos cumplido nuestro ciclo histórico. Tres mil años entre ruinas… y ahora… agonizamos Pues si Grecia debe morir… que sea rápido”. Junto con Grecia muere el Occidente moderno en su totalidad, mueren sus esperanzas de racionalidad, progreso… Ilustración. El Ulises de Homero regresaba, después de un viaje de aprendizaje y de construcción de su identidad, desde la barbarie y la irracionalidad de la guerra, hacia la propiedad, la estabilidad, a su rol de “organizador racional”. Este Ulises moderno parte de la estabilidad (su amigo de la filmoteca intenta disuadirle de su viaje arguyendo lo bien que vive en América), la racionalidad, hacia la barbarie irracional de la guerra de los Balcanes. En realidad, parece estar representando la dialéctica del progreso en la historia de occidente. Además, el Ulises de Homero había nacido en su Ítaca, en su reino. Había contraído matrimonio con Penélope. Su regreso supone la recuperación de su reino. El Ulises de Angelopoulos va en busca de una Ítaca que fundar, junto a una Penélope. Al final, casi puede tocar el sueño de fundar su propia Ítaca: le promete a la sobrina del responsable del archivo cinematográfico de Sarajevo que volverá (nuevo viaje, nuevo nostos) y se la llevará consigo. La promesa tiene lugar entre la niebla. En Sarajevo, la niebla es amiga de los hombres, y los días de niebla son días de fiesta. La niebla confunde las identidades, impide los asesinatos relacionados con la identidad. La niebla, castigo divino en la Odisea, permite a este pueblo compartir la felicidad de los feacios. No obstante, la futura Penélope de nuestro Ulises, junto con toda su familia, son exterminados. Ni siquiera la niebla detiene a la barbarie. “El Señor ha hecho una buena pesca, de eso no hay duda”, dicen los asesinos, como si acabaran de ofrecer un sacrificio ritual, regresando a un estadio sacrificial, dirían Adorno y Horkheimer. Ulises, destrozado, regresa al archivo cinematográfico y, desgarrado por el dolor, recita unos versos que hablan del reencuentro con Penélope, de la nueva identidad, un nuevo nombre… y de las señas que le daría el marido para ser reconocido por su consorte. Si hablábamos de la identidad, ahora llegamos a una especie de paradoja producida por una hipertrofia identitaria. Los asesinatos del final se realizan bajo un “sistema de exclusión”. Estos “se articulan tácitamente a las necesidades de defensa o protección de identidades que imaginan o representan uno u otro riesgo de pérdida de las mismas” . Las políticas de la identidad que generan mecanismos de exclusión se evitan estableciendo un espacio ético para el reconocimiento del otro. La exlusión, y en sus formas más extremas, la guerra, el genocidio, se evitan obedeciendo la cita del Alcibíades con la que Angelopoulos encabeza su film. Leyéndola y aprendiendo de ella.

Al final del film se intuye un nuevo viaje, un nuevo nostos, como veremos después. Esto implicaría que el capítulo de los tres mil años de historia no se cierra definitivamente. El Ulises moderno de Angelopoulos parte desde la experiencia de un nostos, realiza un nuevo regreso hacia sus orígenes, y en el horizonte se dibuja la promesa de un nuevo nostos. Son círculos, ciclos que se cierran, donde el fin siempre es el principio. Cada viaje cambia a nuestro personaje. Su identidad se enriquece con las heridas de la experiencia, en una dinámica que nos atreveríamos a definir como “dialéctica”. Se trata de eslabones de una cadena que se cierran sobre sí mismos, pero que se engarzan con los demás, y cada uno es distinto y vive de la diferencia que opera en la identidad, siempre en construcción.

c) El viaje continúa: condiciones de posibilidad de la utopía.

Piero Boitani definía nuestra situación moderna como la de los seres que habitan el Limbo. Sin esperanzas, sin sueños… Ulises es un personaje que busca algo. Busca el material de los Mannakis, pero, en varias ocasiones, se nos dice que esto es un pretexto. El material en sí, aunque hace referencia a los orígenes del cine, y esto es importante y se ensambla con el sentido más amplio de retorno al origen de la civilización y de la identidad, no es lo más importante. Lo que resulta determinante es que Ulises busca una mirada atrapada. La mirada de los hermanos Mannakis, quizá su primera película. Busca una mirada inocente, como si se tratara de su propia mirada, y la inocencia perdida. Nosotros los modernos no podemos enfrentarnos al origen, dirigir nuestra mirada a la Grecia clásica, cuna de nuestra civilización, sin sentir nostalgia por la inocencia perdida. El Ulises representado por Harvey Keitel, en conversación con su amante ocasional del archivo de la filmoteca, le cuenta, cual aedo, la historia de cómo una vez descubrió un busto de Apolo. Estaba en el lugar del nacimiento de Apolo según la tradición. El protagonista intentó hacerle una foto a la cabeza del dios, pero la cámara no funcionaba. “Sólo salían placas vacías, cuadrados negros. El sol se ponía sobre el mar, como si se alejara del mundo. Sentí sumirme en la oscuridad”. La mirada de Ulises ha perdido su inocencia, algo que experimenta como el ocaso. No podemos concebir nuestra época más que como la “Caída”. Quizá fuera eso lo que las Moiras tejían: la Caída como lo ineluctable.

El viaje hacia la guerra, hacia la barbarie, engarza con lo dicho en el apartado de este trabajo titulado Qué pasó con Ulises. Si Adorno constataba la ausencia del héroe fundador de Occidente, y Joyce disolvía su identidad y su horizonte de proyección ética y de sentido, Angelopoulos le da voz de nuevo al héroe para constatar el hundimiento de la civilización occidental. Grecia se muere, ha completado su ciclo, y Occidente perece con ella. No obstante, Angelopoulos nos dice: “Es importante que las palabras de Homero apunten hacia el futuro. ‘Cuando regrese’... el viaje continuará. No ha terminado. Continúa el viaje para encontrar un hogar. Eso es una especie de esperanza, puesto que él comienza a estar, en esos momentos finales, en paz consigo mismo y con el mundo". Los motivos por los cuales está en paz con el mundo son difíciles de precisar, dada la tragedia que acaba de vivir. Pero, quizá, lo que nos dice Angelopoulos es que “partir” de nuevo es un imperativo vital. La metáfora histórica puede ser la misma. Hemos naufragado, pero seguimos aquí. El naufragio es inevitable, casi un fin en sí mismo. Es necesario volver a viajar, volver a fundar un horizonte ético, volver a establecer un horizonte para el futuro de Occidente y del mundo. Quizá la utopía, o la propensión utópica, entendida como el sueño de un verdadero y justo orden de vida, todavía sea posible. La niebla oculta una compañía de música donde jóvenes servios, croatas y musulmanes tocan, unidos en un frente común por la paz. Todavía queda, al parecer, un halo de esperanza.

El comunismo ha caído, Ulises ha viajado con el cadáver marmóreo y desmembrado del símbolo histórico del sueño del verdadero y justo modo de vida. Vivimos en la época del fin de las ideologías, o quizá, el triunfo de una única ideología. La utopía se revela algo imposible, se acusa, desde el conservadurismo tanto como desde el liberalismo (Popper) de “totalitarismo” al ideal utópico. Pero quizá todo esto no sea más que la divisa ideológica de la ideología imperante. Vimos con Neusüss cómo, a partir de una aseveración de Horkheimer, según la cual, “Si la ideología provoca la apariencia, por el contrario la utopía es el sueño del ‘verdader’ y justo orden de vida” , podía establecerse una relación entre utopía e ideología. La ideología, en tanto que es la presentación del sueño como realizado, en tanto que es falsa, reafirma la validez y la verdad del sueño. Cuando Ulises y su amigo corresponsal de guerra brindan por los amigos del pasado, por los líderes artísticos, políticos y espirituales, de entre ellos surge la figura del Che Guevara. Las últimas palabras que Keitel recita, dirigidas a una Penélope ausente, rezan así: “… entre susurros de amor / te contaré mi viaje / toda la noche / y todas las noches venideras / entre abrazos / entre susurros de amor. / Toda la aventura humana. / La historia sin fin. Aquí se disipan todas las dudas sobre que Ulises es “todos los hombres”. Pero, además, se nos invita a concebir una historia sin fin. Tenemos la sensación de haber realizado históricamente el título de la obra de Marcuse: El final de la Utopía. Vivimos en un mundo explorado, cosificado, medido y delineado, nombrado cada rincón. Se disipan las oscuras sombras donde la imaginación podía ubicar sus paraísos utópicos. Los futuros utópicos, las ucronías que se atreven a imaginar el futuro lo hacen, más bien, desde las formas negativas de la distopía. No hemos alcanzado milenarismo alguno, ni místico ni secularizado. No hemos alcanzado una posthistoria de felicidad, pero tampoco hemos regresado a la protohistoria. Tampoco a la extinción. Seguimos aquí, y la historia continúa.






Bibliografía:


- Adorno, Th. y Horkheimer, M., Dialéctica de la Ilustración, Trotta, Madrid, 1994.




- Boitani, Piero, La Sombra de Ulises: Imágenes de un Mito en la Literatura occidental, Barcelona, Ediciones Península, 2001.


- Jarauta, Francisco, Las Metamorfosis de Ulises




- Neusüss, Arnhelm, Utopía, Barral Editores, Barcelona, 1971


Bojiano

sábado 21 de noviembre de 2009

MEMENTO: la relación entre identidad y memoria.

Director: Christopher Nolan
País: EE.UU.

Año: 2000

Guión: adaptación de Jonathan Nolan de un relato suyo titulado "Memento mori".

Reparto: Guy Pearce, Carrie-Anne Moss, Joe Pantoliano, Stephen Tobolowsky, Harriet Sansom Harris, Mark Boone Junior.

Premios: Globo de Oro y nominación a los Óscar por mejor guión.



SINOPSIS


Leonard es un ex investigador de seguros que trata de descubrir fraudes a la empresa para la cual trabaja. Aquejado de una brutal amnesia anterógrada, Leonard no es capaz de crear recuerdos nuevos en su mente. De las pocas cosas que recuerda es el asesinato de su esposa y el hecho de que está buscando al asesino para vengar su muerte. No obstante, Leonard es incapaz de conservar ningún acontecimiento nuevo en su memoria más allá de unos pocos minutos. Esta situación límite de desvalecimiento para su vida cotidiana y para la finalidad última de su existencia, en la que se ha convertido el deseo de vengar a su esposa, Leonard desarrolla un sistema, un método para conservar la información que debe llevarle a matar al asesino de su esposa. El protagonista toma fotografías instantáneas de aquellos hechos y personajes que considera relevantes en su búsqueda y escribe en el reverso su valoración de los hechos o de la persona que se trate. También se tatúa en el cuerpo aquello que no está dispuesto a olvidar. Otro de los escasos hechos que le sirve de referencia y que recuerda de su vida pasada es el caso de Sammy jankis, otro caso de amnesia anterógrada que investigó y que consiguió resolver ahorrándole la cobertura a la empresa aseguradora para la cual trabajaba. Sammy era, como Leonard, incapaz de crear recuerdos nuevos. Leonard consiguió que su caso se desestimara como intento de fraude. La esposa de Sammy, incapaz de asimilar la enfermedad de su marido se propuso ponerlo a prueba y, puesto que era diabética, le pidió a su marido que le inyectara su dosis diaria de insulina. Después le pidió que le inyectara la insulina como si se tratara de la primera vez que lo solicitaba, y Sammy se la volvió a inyectar. Tras unos minutos se lo volvió a pedir, y Sammy volvió a inyectarle la dosis. La esposa de Sammy murió, puesto que la dosis de insulina sólo se puede inyectar una vez, corroborando que su marido no fingía la enfermedad.



Diversos personajes se cruzarán en la vida de Leonard, como Teddy, quien supuestamente investiga el caso de asesinato de su esposa, y que tratará de utilizarle para sus propios fines sirviéndose de la dolencia que este padece para intentar convertirle en un asesino confundiéndole sobre la identidad del agresor de su esposa. La película culmina con un problema radical de identidad al que se enfrenta Leonard, y que hará dudar al espectador si acaso los pocos recuerdos que permiten al protagonista desenvolverse en el mundo para cumplir su cometido no serán un constructo, una falacia, un autoengaño.

 
ESTRUCTURA NARRATOLÓGICA


Memento se ha considerado una película muy original e innovadora, puesto que la línea temporal a través de la cual transcurre la trama se presenta de forma invertida, violando de forma resuelta los principios aristotéticos sobre la forma de narrar historias. El orden invertido de los acontecimientos transcurre mediante saltos hacia atrás (mostrando las causas de los efectos ya vistos), intercalados con escenas en blanco y negro que transcurren en orden normal hasta llegar a un final donde confluyen todos los tempos.



Esta forma de narrar fue empleada en 2002 por Gaspar Noé en el film Irreversible, protagonizada por Vincent Cassel, Monica Bellucci y Albert Dupontel. Irreversible es todavía más purista en su afán por contar una historia al revés, de modo que el orden cronológico, más sencillo, se encuentra completamente invertido, desde la primera secuencia (última narrativamente) hasta la primera (última). Esta película se hizo famosa por la polémica que suscitaron dos escenas, una de un asesinato y otra de una violación, de una brutalidad absoluta. Esto dio lugar a una leyenda urbana bastante extendida: todos conocen a alguien que conoce a un individuo que se excitó viendo la durísima escena de violación al personaje interpretado por Monica Bellucci.






IDENTIDAD Y MEMORIA



El filósofo John Locke (1632-1704) fue el primero en establecer la relación entre identidad y memoria. Por identidad se entiende aquí el YO, la identidad personal, en el sentido de autobiografía, aquello que hace que una persona recuerde su vida y sea capaz de definir su personalidad. Según Locke, lo que hacía que los seres humanos poseyeran una identidad no era sino la memoria. Sin memoria no existía identidad. De hecho, para Locke, una persona sólo es responsable de los actos que recuerda y, por tanto, un asesinato cometido por alguien que no recuerde dicho suceso como suyo propio, no le sería imputable. Esto se encuentra parcialmente presente en la jurisprodencia de nuestros días: cuando alguien no recuerda haber delinquido, esto se considera atenuante y la pena es bastante menos dura que si se tratara de un delincuente que reconoce el delito como obra suya. Esto podía llevar a la paradoja, según Locke, de que, debido a una merma en las facultades psíquicas de un enfermo, alguien conviviera con dos identidades en un mismo cuerpo. Por tanto, para Locke, lo que forma nuestra identidad es nuestra memoria.


Posteriormente, el filósofo David Hume (1711-1776) argumentó contra Locke que las personas asumimos etapas de nuestra vida sobre las que no recordamos con completa nitidez lo sucedido. Es decir, yo puedo (ejemplo mío) saber que durante una etapa de mi vida estuve depresivo sin recordar, sin embargo, cual era el motivo de mi depresión, cómo me sentía en cada momento en que estaba deprimido, qué me sucedió en esa etapa, etc. Recordar que estaba depresivo es una conclusión a la que llegué, pero no se basa en la memoria de esa etapa, puesto que los recuerdos pueden estar desdibujados casi por completo. La conclusión a la que llegó Hume respecto a la relación entre identidad y memoria fue que: la memoria es condición necesaria, pero no suficiente, para que exista la identidad personal. Sin memoria no puede haber identidad, no puede haber un yo como el que le nos atribuimos a nosotros mismos, pero no es suficiente con que haya memoria. Hay algo más que forma nuestra identidad: para Hume, se trata de una ilusión natural de nuestra mente.




Mucho se ha seguido escribiendo, tanto en filosofía de la mente como en neurobiología, psicología y todas las ciencias en cuyo campo incurra directa o indirectamente la memoria, sobre este tema. Pero lo que es seguro es que, aunque como dice Hume, a diferencia que para Locke, la memoria por sí sola no es suficiente para que exista la identidad personal sí es necesaria. Sin recuerdos no hay identidad. Un ser humano desposeído completa y absolutamente de sus recuerdos no sabe quién es, no sabe cómo ha vivido hasta entonces, y no sabe cómo afrontar el futuro. Una persona sin memoria está completa y absolutamente desvalida y desorientada.


Bojiano.

miércoles 16 de septiembre de 2009

DEXTER


EL OSCURO PASAJERO



FICHA TÉCNICA


Creación: James Manos Jr., basada en la novela El Oscuro Pasajero, de Jeff Lindsay, que cuenta con dos secuelas literarias: Querido Dexter y Dexter en la Oscuridad.


-Género: Thriller, policiaco, drama, humor negro.


-Reparto: Michael C. Hall, Julie Benz, Fennifer Carpenter, C. S. Lee, Lauren Vélez, David Zayas, James Remar, Jimmy Smits...


-País: EE.UU.


-Temporadas: 4, a estrenar la 4ª el 27 de septiembre en USA.

Argumento: Dexter es un médico forense que trabaja como analista de sangre para el departamento de policía de Miami y, para sorpresa de sus compañeros, siempre atrapa al culpable haciéndose servir de su "intuición".Su hermanastra Debra, a quien Dexter se siente muy unido, también es policía en el mismo departamento. Ambos parecen querer honrar la memoria de su padre, Harry Morgan. Dexter tiene una novia preciosa y dulce, Rita Bennet, con dos hijos de un matrimonio anterior. También es valorado por sus compañeros del departamento de policía, y nadie duda de su talento como forense. Sin embargo, Dexter es un prolífico asesino en serie que escoge premeditada y minuciosamente a sus víctimas sirviéndose de la información privilegiada que le proporciona su trabajo. Además, su profundo conocimiento de los procedimientos forenses le permiten limpiar toda pista que pudiera situarle en el objetivo de sus compañeros policías. A pesar del irresistible deseo de matar que experimenta, Dexter no asesina indiscriminadamente. Su padre adoptivo, Harry Morgan, identificó a Dexter como un psicópata desde la preadolescencia, y desde entonces no tuvo otro objetivo que enseñar a su hijo a controlar sus impulsos. Harry, intuyendo que Dexter no podría evitar dar salida a sus impulsos homicidas y su sed de sangure, trató de enfocar ese poder destructor hacia una causa noble (aunque esto es discutible). Harry le proporcionó a Dexter un Código para matar, que podría llamarse "ético" y "práctico, cuyo fin es minimizar el impacto de la oscuridad que acecha desde la mente de Dexter.


Perfíl y modus operandi de Dexter

Nuestro protagonista cumple el perfil típico de un psicópata: Dexter carece de empatía, es decir, es imcapaz de sufrir con el sufrimiento ajeno. No siente remordimientos ni sentimiento de culpa alguno tras cometer un asesinato.La empatía no es la única respuesta emotiva de la que Dexter adolece: según opina de sí mismo, Dexter no posee emoción alguna y, por tanto, vive sumido en una oscuridad emocional. Para comprender las emociones de las personas que le rodean las analiza de forma racional, basándose en evidencias sobre el comportamiento de la gente, infiriéndolas de relaciones causales. Ejemplo: "Mi hermana llora (efecto), luego está triste (causa), por tanto, necesita un abrazo". Estas inferencias las realiza gracias a las obsrevaciones que durante toda su vida ha realizado sobre la conducta de los seres humanos, que como sabe, están ligadas a emociones que, sin embargo, él no puede sentir, puesto que según cree Dexter, él no es humano.

Posee una inteligencia superior a la media, lo cual le lleva a analizar absolutamente todo, cada detalle, hasta el extremo de una minuciosidad patológica. Necesita sentir que posee el control, no sólo en su vida cotidiana, sino también cuando se prepara para arrebatar la vida a una de sus víctimas. Aunque siente la necesidad de ir cambiando el arma con la que mata a sus presas y después descuartiza los cadáveres para deshacerse de ellos, no siente la necesidad de torturar, sino tan sólo de sentirse poderoso arrebatando una vida, convirtiendo a una persona en una cosa, produciendo un cadaver. Obligado a ocultar su identidad, a esconder sus monstruosos impulsos, Dexter siente que nadie le conoce, y los que le han conocido totalmente han acabado convirtiéndose en sus víctimas. Dexter confiesa a sus presas sus reflexiones, sus conclusiones acerca de su naturaleza y su propia vida antes de matarlas. Así parece suplir su carencia de comunicación real, sin máscaras ni tapujos, con otros seres humanos.
El monstruo que medra en el interior de Dexter tiene una fecha de nacimiento, un origen en una infancia traumática. Dexter vio cómo descuartizaban viva a su madre con una sierra mecánica, un recuerdo que ocultará y que sólo emergerá a la conciencia en un momento determinado de su vida. A pesar de lo inhumano de los crímenes de Dexter, la serie oscila continuamente sobre la delgada línea entre lo soportable y lo absolutamente horrible para un espectador con un mínimo de sensibilidad. El hecho de que la serie lleve al público a empatizar con un psicópata sin empatía se halla, entre otras razones que veremos, en el Código de Harry, esa es la clave del éxito de Dexter.

El Código de Harry




Documentándome sobre esta serie he visto un blog donde se proporcionan los principios del cógido de Harry http://bennacker.wordpress.com/television/series-de-tv/dexter/. No obstante, disiento en la ordenación y en algunos puntos, de modo que he realizado mi propia lista, basándome en la anteriormente citada que será, no obstante, aproximada, puesto que no recuerdo que en la serie se enumere punto por punto el Código.



1. No dejarse atrapar nunca.



2. Matar inocentes no está permitido.



3. No matar hasta no estar completamente seguro de que la víctima es una asesino y merece morir. Investigar y asegurarse más allá de cualquier duda razonable.



4. La preparación del asesinato es tan importante como su ejecución. sé extremadamente cauteloso.



5. Finge normalidad y emociones para pasar desapercibido en sociedad.



6. Cuando alguien cercano muere, uno se siente triste. Fíngelo.



El Código de Harry es lo que separa a Dexter del perfil del psicópata de American Psycho, peli de la que hablé en el artículo anterior. Gracias a las enseñanzas de su padre adoptivo, Dexter no es un asesino despiadado que mata indiscriminadamente, sino una especie de justiciero oscuro que sólo mata a otros asesinos en serie o a personas que han matado con frialdad y premeditación, o que representan un riesgo por sus impulsos homicidas (aunque no asesina a nadie en base sólo a sus tendencias asesinas si no ha matado antes).



Esto nos lleva a la fórmula siempre exitosa de psicópata vs. psicópata en términos de duelo de inteligencias. Dexter no sólo logra discernir entre asesinos o simples sospechosos gracias a la información privilegiada a la que tiene acceso como forense de la policía, sino porque reconoce a los que son como él. Está, mejor que nadie, siempre en la mente del asesino, porque él es un asesino. Cada vez que caza a un asesino en serie, a excepción del "asesino del hielo" del cual no hablaré para no desvelar la trama de la 1ª temporada, siente el placer de haber sido más inteligente que su presa.



El hecho de que Dexter no mate a inocentes lo acerca a personajes como "Harry el sucio", e incluso Dexter puede ganarse más nuestra simpatía que el personaje de Clean Eastwood, puesto que este último podía disprara por la espalda a un ladrón en plena huida por el simple hecho de haber robado un bolso, algo que el sanguinario Dexter nunca haría. Nuestro protagonista no matará a nadie que no considere que "merece morir".
Pero no incurramos en el error de pensar que Dexter no mata a inocentes porque empatiza con ellos. Su indulgencia con todo ser humano inocente (a excepción de su novia y los hijos de esta, su hermana, y pocos más) se debe exclusivamente al Código. Por esta razón, su padre adoptivo le enseñó a Dexter que el Código, ante todo, era un "Código de supervivencia". Los asesinos en serie no son realmente queridos por nadie (¿a excepción de Dex?)puesto que nadie les conoce. No se han abierto a nadie nunca debido al horrible secreto que encierran en lo más profundo de su ser. Así, Harry se aseguró de convertir una oscura y destructiva fuerza de la naturaleza en una especie de fuerza terrible y justiciera encauzada hacia "el bien" según el principio que reza: "si mato a un asesino en serie evitaré que este mate a otras personas". Este principio ético pertenece a la escuela filosófica del "utilitarismo", doctrina que ha sido entendida como que lo más útil es la supervivencia y bienestar del máximo número de personas posibles en un sentido cuantitativo (en relación al número posible de vidas salvadas con una muerte). No obstante, la ética del Cógido también se basa también en un principio cualitativo: la vida de un asesino vale menos (posee una calidad inferior) que la de un inocente.

Lo verdaderamente interesante es lo siguiente: en virtud del Código, la vida de Dexter si no siguiera el Código sería cualitativamente inferior que la de un inocente; pero la vida de Dexter, mientras siga el Código, es cualitativamente igual que la de un inocente. La oscura justicia que imparte Dexter neutraliza su propia "maldad", su propia oscuridad. Gracias al Código de Harry, Dex consigue la "redención" como subproducto de su sed de sangre. ¿Quién dijo que sencillamente se trataba de una serie sobre un psicópata?



Dexter sabe que si no sigue el código, la oscuridad de apoderará de él. Sus instintos depredadores, que actúan como un alter ego que se apodera de él tomando las riendas de su conducta para satisfacre su morboso deseo de matar, tomará definitivamente el control. Es su "oscuro pasajero", pero no es un alter ego realmente, es el nombre que Dex le da a su parte monstruosa que, sin embargo, está indisociablemente unida a su parte humana (de haberla).



El hecho de que Dexter se ciña al Código se gana, por tanto, la simpatía de un público que está al acecho de cualquier rasgo humano en Dexter para sentirse aliviado de la carga de tener que asumir su oscura naturaleza. Pero Dex sigue el código como una serie de "creencias", no como unos "valores" morales o éticos, puesto que lo que convierte a algo en un valor es su conexión con las emociones, algo de lo que Dexter carece por completo (¿o no?).

El psicópata que siguió la filosofía de Sócrates

Dexter no es exactamente feliz abandonándose a sus instintos asesinos, aun cuando lo haga con la medida de autocontrol del Código. Afirma no sentir remordimientos, pero una especie de vago sentimiento de culpa levita por encima del personaje durante toda la serie. Esta aparente paradoja, el hecho de que no esté dotado con la capacidad de sentir culpa, y al mismo tiempo sienta una especie de culpabilidad vaga, nace del hecho evidente de que Dexter sabe que es un monstruo. La ausencia de emociones que padece Dex le hace sentir un gran vacío, y necesita buscarse a sí mismo. Necesita seguir la máxima de Sócrates: "Conócete a ti mismo". Nuestro asesino en serie realizará una profunda búsqueda de las razones de su oscuridad. La serie, al menos hasta la 2ª temporada, es un camino de autoconocimiento, una búsqueda del sentido de la propia existencia. La búsqueda comienza con el "desbloqueo" de un recuerdo: la muerte de su madre mutilada por una sierra eléctrica en manos de unos narcotraficantes ante los ojos del pequeño Dex. El monstruo ya tiene su razón de ser, la razón última de su existir. Este es el primer paso que nuestro psicópata dará hacia la autoaceptación.

Pero la búsqueda continúa en la investigación de la vida de Harry, su padre adptivo, puesto que disipar las dudas respecto a la figura paterna le servirá a Dexter para comprenderse mejor a sí mismo y enfrentarse mejor a las preguntas existenciales que cualquier ser humano se hace a sí mismo: ¿Quién soy? ¿De dónde vengo? ¿Hacia dónde voy? Algunos aspectos sobre la vida de Harry salen a la luz y hacen sospechar a Dex que su padre no era tan íntegro, tan bondadoso ni tan sincero como él creía. pero, ¿una vez ha descubierto que su padre adoptivo no era perfecto, que tan falible como humano como cualquier otro, sigue teniendo sentido seguir su Código? Así, la trama no sitúa ante el conflicto, el dilema, que hace peligrar el Código de Harry, y con él, el último resquicio de humanidad y noción de justicia que ata a Dexter al resto de los hombres. Después volveremos sobre este tema.

Poco a poco descubrimos que Dex sí tiene emociones. Es protector con su novia y con los hijos de esta, también con su hermana. Se siente en conexión con ellos, y nunca se plantea siquiera poder llegar a hacerles daño. Dex no es demasiado consciente de que posee ciertos sentimientos, y cuando parece advertirlo exclama: "Si tuviera emociones sentiría esto", refiriéndose a lo que en ese momento le afecta a su sensibilidad. Mi tesis es que Dex sí siente emociones, pero las siente como algo exterior a sí mismo, como cubiertas por una niebla que lo distancia de las mismas. Siente como si aquello que siente se encontrara tras un velo de realidad y él está hacia el otro lado. Aunque sienta algo, no tiene la misma sensibilidad que un ser humano no psicópata, puesto que sus emociones sólo le vinculan a ciertas personas de su núcleo reducido de relaciones sociales.

La trama es un camino de autoconocimiento y humanización de un asesino en serie.


El psicópata convertido en el héroe postmoderno.


"Conmigo comienza el siglo XX"



Jack "El Destripador"






Antes de continuar debemos realizar una pequeña aclaración: el psicópata no es necesariamente un asesino en serie, sin embargo, el asesino en serie sí suele ser un psicópata. Muchos psicópatas no llegan siquiera a matar a una mosca, aunque uno de los indicios que pueden llevar a la identificación de dicha patología es la tortura a animales, especialmente durante la infancia. Muchos psicópatas viven silenciosa e inofensivamente en el mundo de los negocios. Puede que muchos de nosotros convivamos con ellos, que sean nuestros jefes, o el cartero, o quizá el profesor del colegio.




Dadme un poco de tiempo para que exponga mis ideas y entenderéis por qué creo que la figura del psicópata, en la serie de Dexter, se ha convertido en el héroe postmoderno. La cita de Jack "El Destripador" encuentra su sentido en que fue el primer asesino en serie moderno, y yo parto de la premisa de que el psicópata asesino en serie es, tal cual lo entendemos hoy, un fenómeno moderno, lo cual no significa que no hayan existido en otras épocas históricas, pero no como fenómeno social relevante y como fenómeno mediático. Puede que en otras épocas más violentas, los psicópatas con tendencias homicidas hicieran carrera en el ejército, como verdugos o como hombres de poder que eliminaban a su oposición, o hacía cumplir duros castigos. De esta forma, probablemente muchos psicópatas daban salida a sus impulsos homicidas de forma discreta. El ejemplo más conocido de psicópata camuflado de hombre de poder es Blad el Empalador, y su técnica de tortura fetichista, repleta de significado sexual y sadismo, que consistía en empalar a la gente. Blad también pudo tener su bautizo como monstruo en una infancia traumática, cuando pasó varios años preso por los turcos, donde la práctica de la violación era algo muy común. Es muy posible que Blad empalara a la gente por una obsesión por las violacions que sufrío de pequeño y como una especie de venganza que calmara su mente lacerada. No obstante, el asesino en serie moderno, el depredador que permanece en el anonimato y, no obstante a lo cual se convierte en un fenómeno mediático, con sus seguidores incluso, es algo genuinamente moderno. Dicho de otro modo, el fenómeno del asesino en serie podría tratarse de una patología moderna, o más bien, "postmoderna". También Dexter encuentra la fama cuando se descubren las decenas de cadáveres que este arroja al mar, y es apodado como "El Carnicero de la Bahía". Sin embargo, nadie llega a relacionar al protagonista con El Carnicero. Dexter se sorprende gratamente cuando descubre que mucha gente, tras conocer el hecho de que el Carnicero sólo mata a asesinos, le apoyan.

Es evidente que la figura del psicópata no encarna el arquetipo del héroe, sino más bien el del antihéroe. Sin embargo, también es cierto que la cultura tiene cada vez en mayor estima a los psicópatas. Los productos culturales donde los asesinos en serie han adquirido protagonismo pasan por la literatura, el cine y, como hemos visto, las series de televisión. Charles Manson cuenta con su propio club de fans, los cuales visten camisetas con su rostro estampado y escuchan sus canciones, producto de su extraña faceta de cantautor.

Mi tesis es que el asesino en serie, en la actualidad, se encuentra enaltecido, recubierto por las masas de una especie de carisma, sólo comparable a la erótica del vampiro de la tradición popular, que tan certeramente supo reflejar Bram Stoker (precisamente, basando a su Dráckula en un asesino en serie real: Blad el Empalador). El romanticismo que envuelve a la figura del Vampiro queda reflejado en la producción literaria y, posteriormente, cinematográfica como un ser carismático y seductor. Esta atmósfera profundamente sexual que rodea al vampiro le va como anillo al dedo al modus operandi del no-muerto, que consiste en morder y succionar la sangure de las víctimas. A veces se han relacionado los colmillos del vampiro, su apetito por morder y succionar, en clave freudiana. El vampiro sería un ser inmaduro (si obviamos el hecho de que está muerto) sexual y personalmente, que regresa a un estadio primitivo de civilización, esto es, a la infancia. Con esto se convierte en un ser narcisista que busca satisfacer su deseo de placer oral, incluso a costa de la muerte de sus víctimas. También se ha visto una necesidad de alimentarse de la inocencia perdida por el vampiro al otro lado de la muerte.


El psicópata, aunque todavía no se ha envuelto en un aura erótica como la del vampiro, sí se considera como una persona carismática y de personalidad magnética. También se le asocia al serial killer, una inteligencia sobrehumana, aunque esto, en la realidad, no siempre se cumple.




Al preguntarme seriamente, a raíz de la serie Dexter, qué es lo que nos atrae de la personalidad del psicópata, hallé una respuesta basándome en el análisis de un filósofo llamado Max Horkheimer. En su libro La Crítica de la Razón Instrumental, Horkheimer afirma que todos poseemos un "resentimiento hacia la civilización". El origen de dicho resentimiento lo establece Horkheimer en términos freudianos (puesto que la orientación de su pensamiento es freudo-marxista), pero no es necesario creer en el psicoanálisis de forma íntegra para reconocer que es posible que Horkheimer esté en lo cierto. El resentimiento contra la civilización sucede porque todos tenemos que reprimir nuestros impulsos (violentos y sexuales) para poder vivir en sociedad. Durante mucho tiempo, los valores morales cristianos (hablamos Occidente) eran firmes y sólidos, y la represión de los impulsos primarios para poder vivir de forma civilizada en sociedad se veían sublimados, contrarrestados por una recompensa superior, en la idea del Reino de los Cielos, la vida después de la muerte, el perdón de Cristo, etc. Sin embargo, nos encontramos en un momento histórico "postmoderno", en el cual los valores morales de la religión van apagándose, al igual que la propia creencia en Dios, y la represión de nuestros impulsos no encuentra una recompensa superior que la colme de sentido. Mucha gente se siente decepcionada cuando durante la adolescencia, o tras salir de ella, se da cuenta que los valores que le habían enseñado, cuyo referente es la moral cristiana en retroceso, son una mentira. Nadie sigue los valores cristianos como la solidaridad o la piedad, que se le inculca a los niños. El niño crece y se encuentra arrojado a un mundo competitivo, donde el hombre es un lobo para el hombre. Muchos individuos sienten que la represión de sus impulsos no se encuentra lo suficientemente recompensada en una civilización hipócrita y de aquí nace el resentimiento contra la civilización.




Mi teoría es que todos nos sentimos atraídos por la figura del psicópata en cuanto que encarna nuestros más oscuros y profundos deseos de romper con la civilización, destruirla, puesto que ¿qué es un psicópata sino aquel capaz de destruir todo orden social? ¿Acaso no es el asesino en serie aquel capaz de asesinar con tal de dar salida a sus deseos egoístas? ¿Acaso no representa el psicópata una "voluntad libre", una voluntad de poder capaz de cometer los crímenes más horribles, sin restricciones ni sentimiento de culpa?




Ahora bien, si esos mismos oscuros deseos anticivilizatorios son los que nos llevan a identificarnos con el asesino en serie, y puesto que el ser humano no es sólo depravación, al mismo tiempo nos sentimos herederos de una época en la que los valores morales tenían mucha importancia. Los valores eran tan decisivos, que de ellos dependía nuestra vida eterna. También tenían aquellos valores la virtud de permitirnos vivir en sociedad e intentar conciliar la felicidad personal con el bien común. Es en virtud de esta herencia cultural, que los asesinos en serie también nos provocan rechazo. También intuimos, secretamente, que esta "voluntad libre", libre de culpa, no es tan libre, en la medida en que la necesidad de matar es un acto impulsivo sobre el que el psicópata se encuentra, como Dexter, como si estuviera secuestrado por un "oscuro pasajero" que toma el control y contra el que nada puede hacer.




Sin embargo, ahora aparece Dexter, el monstruo puesto al servicio de unos valores morales que no siente como suyos, sino que le vienen de fuera, cedidos por Harry y su Código, pero que encajan con los de aquella vieja tradición moral del "Bien" y "la Justicia". Nos identificamos con él, como voluntad de poder, como ser fuerte, como una especie de super-hombre libre del sentimiento de culpa, y al mismo tiempo no genera en nosotros el rechazo de transgredir esas normas sociales de convivencia que se inspiran en una tradición de valores. Puede que nos inspiren rechazo sus métodos, que si fueran llevados a cabo por el Estado recibirían el nombre de "Pena de Muerte", pero al mismo tiempo empatizamos con él, puesto que, al fin y al cabo, podemos interpretar sus asesinatos como una forma quizá excesiva de hacer justicia, pero un tipo de justicia, al fin y al cabo. Por ese motivo, en una ocasión vemos a Dexter ante una de sus presas, dispuesto a matarla, no sin antes afirmar: "Si existiera Dios y yo creyera en él, estaría conmigo en esta habitación". Así, el protagonista cree estar haciendo "justicia divina" en ausencia de la potestad absoluta de Dios.




Sin embargo, ahora que he contribuido a entender por qué se ha creado el mito de Dexter, casi como ídolo de masas, debo desmontarlo: Dex no es libre, porque su impulso de matar, al igual que el de cualquier otro asesino en serie, es irrefrenable.




En mi opinión, Dexter es la ontogénesis que refleja la filogénesis de la cultura occidental, o dicho de otro modo, el proceso personal por que que atraviesa Dexter es similar al proceso histórico por el cual atraviesta Occidente. Es por esta razón que considero a Dexter el héroe postmoderno. La Postmodernidad es la época atual, en la cual los grandes sistemas de valores heredados de la religión cristiana han desaparecido con la expresión de Nietzsche: "Dios ha muerto". Algunos han situado el inicio del siglo XX en la afirmación de la muerte de Dios procalamda por el filósofo Alemán; otros, con los graves asesinatos de Jack El Destripador. Sigamos investigando para descubrir la razón de esta extraña relación.


Dexter y la muerte de Dios


La postmodernidad significa, literalmente, que el proyecto de la modernidad ha fracasado. En la modernidad, la racionalidad y el espíritu científico experimentaron un desarrollo vertiginoso, con lo cual, la religión fue perdiendo su poder. Sin embargo, los edificios éticos y toda la concepción del "progreso" concebidos por la razón y la ciencia seguían descansando, secretamente, en un mundo cristiano. La razón fue, poco a poco, desterrando a la religión del mundo del conociminto y de la ciencia, pero inevitablemente, también acabó por hacerlo en el terreno de la ética. La racionalidad, como ilustración, como una luz que disipa todas las sombras de la superstición siguió combatiendo el mito, hasta que al final consiguió destruir también los valores que lo rodeaban. Cuando Nietzsche proclama que "Dios ha muerto", que el ser humano cada vez es más consciente de la falsedad que implicaba la religión cristiana, con sus creencias y su decálogo, también murió el hombre que pervivía bajo la protección de los valores del cristianismo. Como dijo Nietzsche, la importancia que el cristianismo otorgó a "la verdad" llevó a Occidente a alcanzar la única verdad, "que no hay verdad". Esto es lo que ha llevado al ser humano al "nihilismo", que significa que el hombre ha llegado a comprender que el mundo y la existencia no tienen sentido, que no existe Dios, y que sin él, no tiene sentido hablar de Bien moral. El hombre que vive sumergido en el nihilismo se encuentra perdido, puesto que le ha sido arrebatada la protección del padre omnipotente, cuya verdad era trasmitida a los hombres. Nietzsche imaginó una nueva etapa, donde el nihilismo se convertía en positivo, donde el ser humano entendía que si no existen las verdades del reino de los cielos que pueden ser entendidas y aplicadas en el mundo, no hay otro camino que crear esos valores desde una praxis completamente humana y terrenal. Sin embargo, la época en la que el hombre, arrancado del padrinazgo de los poderes protectores que le otorgaba una religión y una ética procedentes del cristianismo, toma la responsabilidad de crear unos valores desde la comprensión absoluta de su finitud y de la inexistencia de una justicia de ultratumba, parece no haber llegado todavía.


Este problema fue el que llevó a Tolstoi a realizar su famosa advertencia: "Si Dios no existe, todo está permitido". Este mismo problema afecta directamente a Dex. Durante el transcurso de la serie, Dexter descubre cosas acerca de la vida de Harry, su padre adoptivo, que le llevan a desconfiar de su integridad. ¿Cómo es posible que la figura paterna que guió a Dex por el camino de la justicia no fuera el perfecto e invariablemente justo? ¿Cómo puede ser que "el padre", que siempre sabía distinguir entre el bien y el mal, y tenía una respuesta para cada pregunta y un procedimiento para cada situación fuera tan falibre y humano como el que más? Dexter llega a plantearse si muerta la figura divinizada del padre tiene no estará, acaso, todo permitido. Esta tensión argumental sitúa al espectador ante el dilema que puede llevar a Dexter de ser un brutal y oscuro justiciero a ser un Carnicero sin escrúpulos que mata inocentes o culpables sin discriminación.




La "Razón", que desde la Ilustración francesa se estaba preparando para el papel de sucesora para la moral cristiana, ha resultado ser insuficiente. Las dos guerras mundiales del s. XX demostraron que la razón y la ciencia habían dotado a las naciones de un poder de destrucción inimaginable. La racionalidad, que había servido para organizar la vida de los hombres, es decir, darle un sentido y optimizar la existencia humana, mostró su reverso, la otra cara de la moneda del progreso, en los campos de exterminio de la Alemania Nazi. El poder ordenador de la institución racional por excelencia, el Estado, ejerció una violencia brutal, pero reglada, en lo que fue un holocausto burocratizado. Las personas morían siguiendo un orden premeditado y optimizador del asesinato, con su número en la solapa y sus uniformes que los hacían a todos iguales ante la muerte. Este proceso de pérdida de fe en el progreso y en la racionalidad de Occidente es lo que en los años 70 del s. XX se conceptualizará como "postmodernidad".




El análisis de Horkheimer es bastante parecido al respecto. En la Crítica de la Razón Instrumental Horkheimer asegura que existen dos tipos de racionalidad en pugna, y que uno de ellos está perdiendo, claramente, la batalla. Max Weber había distinguido entre dos tipos distintos de "acción racional": la "acción racional con arreglo a fines" era aquella acción humana que identificaba un objetivo y usaba la razón para procurarse los medios que le permitieran al individuo alcanzar dicho fin. Por otro lado, la "acción racional con arreglo a valores" llevaba a los individuos a actuar conforme a un "valor" que se perseguía por sí mismo, por ser considerado como un fin valioso en sí mismo. En un sentido parecido, Horkheimer habla de "razón objetiva" y "razón subjetiva". La razón objetiva sería la que correspondería a la racionalidad con arreglo a valores según Weber. Lo importante serí el valor en sí, y no un fin egoísta o subjetivo. Bajo la predominancia de la razón objetiva se había desarrollado a lo largo de la historia la religión cristiana y, posteriormente, la metafísica de occidente, donde los valores morales ya no se reconocían como verdaderos con referencia a la religión cristiana, sino que se concebían como valiosos en sí mismos. Sin embargo, poco a poco, en la historia de Occidente se habría impuesto la predominancia de la "razón subjetiva", aquella que coincide con la "acción racional con arreglo a fines" de Weber. Este tipo de razón es el que conduce a los individuos a buscar sus propios fines egoístas, subjetivos, sin referencia a los sistemas de valores culturales. El sentido último de la razón subjetiva es el instinto de autoconservación, pero no se limita a ello. la razón subjetiva ha llevado al ser humano a utilizar las cosas para conseguir otras cosas, es decir, le ha llevado a dejar de valorar las cosas en sí mismas. En este contexto, las personas se convierten en meros medios a utilizar para conseguir otros fines. Esto es lo que se conoce como "cosificación". Se puede cosificar a una persona en cuanto se la utiliza lucrarse, por ejemplo. Las personas, en el sistema de producción industrial, llegan en muchas ocasiones, a ser consideradas por sus jefes como meros engranajes productores de dinero. Esta es la razón por la que algunos han indicado que el comportamiento de las grandes corporaciones, las multinacionales, etc., cumple las características del comportamiento de un psicópata, puesto que carecen de empatía y compasión y utilizan a las personas como cosas, medios para la consecución de sus fines económicos. Los asesinos en serie también cosifican a las personas cuando las utilizan para satisfacer sus fantasías, por ejemplo. Privar a un cuerpo de vida para usarlo escenificando una fantasía sexual, por ejemplo, es uno de los temas más recurrentes en el cine y la literatura sobre psicópatas homicidas. Una persona psicológicamente sana (aunque esta descripción sea vaga y discutible) puede ser consecuencia de la cultura, del consumismo, del capitalismo en cuanto que es la nueva religión del dinero, etc. Un psicópata cosifica a un ser humano porque carece de empatía, es incapaz de verse afectado por el sufrimiento ajeno, y esto le lleva a no poder considerarlo más que como una cosa. Dexter utiliza a las personas para satisfacer su impulso homicida sin atender a otras consideraciones como la compasión ante el terror de sus víctimas. No obstante, el Código de Harry es lo único que le vincula a la "razón objetiva", la "acción racional(premeditada) con arreglo a valores (el código), es decir, a unas normas éticas a las que el protagonista no se siente emocionalmente vinculado. El Código es lo que convierte a Dexter en un héroe justiciero. Sin embargo, Harry se aseguró de conservar la adhesión de Dex a un sistema de valores a través de la "razón subjetva", el egoísmo implícito en la autoconservación. "El Código representa unas normas para la supervivencia", le decía Harry al pequeño Dex.




Puede que el superhombre de Nietzsche, aquel que reconocía que, muerto "El Padre", debía ser él mismo quien se otorgara a sí mismo el don de la creación de valores no haya tenido lugar. Puede que no hayamos encontrado una forma de organizar la vida en sociedad de forma más racional y humana, más allá de la subjetividad y el egoísmo inherente al individualismo, como le hubiera gustado a Horkhemimer. Pero finalmente, Dexter no llega a la misma conclusión que Tostoi, y aunque su padre, ese ser superior de quien emanaba la ley y la conducta a seguir, se haya visto desposeído de su aura de divinidad, sigue reconociendo el valor del Código. Dex hace suyo el Código de Harry, por su propia voluntad. Toma la responsabilidad de darse a sí mismo una ética. Ahora puede introducir cambios en el Código, porque es dueño y señor de sus propias leyes. Es por esto que a pesar de toda la oscuridad que rodea la serie "Dexter", el mensaje es de esperanza. Si un psicópata puede darse unos valores una vez que se han alejado definitivamente los poderes divinos protectores, quizá también podamos hacerlo nosotros, en la vida real, fuera de esa fábrica de sueños y pesadillas que es la ficción cinematográfica o televisiva.



Análisis de los personajes

En Dexter, las subtramas y los personajes secundarios son de vital importancia. Sin Dexter, estos personajes trancurrirían sus líneas argumentales como si de una serie policiaca más se tratara. También le añaden estos personajes el toque de humor negro que destaca entre tanta oscuridad. Veamos lo que aportan a la trama y cómo contrastan con Dex o constituyen su punto de anclaje a la realidad cotidiana.











1. Debra Morgan Jennifer Carpenter: es la hermanastra de Dexter, a la cual nuestro psicópata se siente realmente unido. Según Dex, "Mi hermana tiene que ocultar lo débil que es; yo tengo que ocultar lo débil que no soy". Harry se aseguró de que Dexter se aferrara a su hermana cuando perdiera el horizonte, el punto de anclaje con el mundo real. Debra es el centro de gravedad y el referente ético, emocional y axiológico. Aunque algunos se han empeñado en ver en Debra una ingenua policía que ni siquiera es capaz de darse cuenta de que su hermano es un asesino en serie, lo cierto es que a Debra nos la presentan como una chica inteligente y con futuro. Cuando los cuerpos de las víctimas de Dexter salen al descubierto y se los imputan al "Carnicero de la Bahía", Debra es la única que acierta a elaborar un perfil, que coincide con el de su hermano. El hecho de que Debra no descubra la verdadera naturaleza de su hermano descansa en dos aspectos importantes en la serie: a) la destreza de Dex para ocultar sus crímenes y; b) el profundo lazo emocional que vincula a los dos hermanos y que impide toda suerte de sospecha.







2. Rita Bennet (Julie Benz): es la novia de Dexter y tiene dos hijos. Dexter, quien opina de sí mismo que no posee emociones, se siente muy unido a Rita y sus hijos, y se muestra muy protector con ellos. Rita no sospecha nada sobre el lado oscuro de Dexter. Este personaje encarna la luz, la inocencia pura de la que Dexter carece. Es una mujer que ha sufrido mucho en la vida, y es su fragilidad, su inocencia lacerada, la que atrae desde un principio al protagonista.








3. Angel Batista (David Zayas): Es un policía robusto que viste con camisetas Hawaianas y sombrero, cual si se tratara de una parodia del género detectivesco. Es un hispano religioso y representa la integridad de los valores morales y la calidad emocional de la que Dexter carece. Siempre sabe qué está bien y qué está mal y se emociona cuando debe, algo que un psicópata nunca podrá hacer. Dexter, en una ocasión le dice: "Si tuviera que elegir ser alguien... elegiría ser tú".








4. Vice Masuka (C. S. Lee): Es un forense de origen japonés cuya personalidad es la antítesis del estereotipo de japonés. Los japoneses viven en una cultura donde se reprime las emociones y la expresividad de las mismas. Masuka, sin embargo, se caracteriza por su humor negro y su naturaleza pervertida (sexualmente) y su trato grosero con el sexo femenino.




5. Lila (Jaime Murray): Este personaje representa un punto de inflexión para Dex, con quien tiene un breve romance. Lila ve a Dexter tal como es, aunque no sepa, hasta el final, que es un asesino compulsivo. Lila ayuda a Dex a descubrir sus orígenes oscuros, y a comprender sus traumas reprimidos. Sin embargo, Lila es autodestructiva e inestable, y esconde un secreto más oscuro, si cabe, que el de Dexter.








6. Doakes (Erik King): es un Sargento de policía que sospecha de Dexter y le sigue a todas partes. Doakes es impulsivo, agresivo y un tanto paranoico. Antes de ser policía pertenecía a un cuerpo de operaciones especiales del ejército. Ha matado a varias personas estando de servicio y, si se analiza detenidamente, parece la versión socialmente aceptada de un psicópata homicida. No obstante, al final se descubre que el Srg. Doakes, a pesar de su personalidad atormentada, sí tiene escrúpulos.






He omitido algunos personajes que no me parecen demasiado relevantes, aunque esto, por supuesto, es algo subjetivo.






Bojiano.